Capítulo 1.
Las calles de los Suburbios estaba a
oscuras y solo los llantos de los sin techos se escuchaba. Comenzó a llover, y
la fuerte lluvia golpeaba a las vías de los trenes que recorría cada rincón de
Gran Capital. Los rayos iluminaban el cielo como si el apocalipsis estaría a
punto de llegar, pero gracias a la tormenta algunos callejones de los Suburbios
se apreciaban. Bajo la tormenta, una joven de cabello azul claro escapaba del
cuerpo de seguridad del lugar. Llevaban días buscándola, hasta que la descubrieron
durmiendo en una pequeña posada a las entradas de la muralla que separa los
Suburbios con el hogar de los Superiores. El posadero la había traicionado a
cambio de unos sacos de oro para mantener su hogar en pie, y ahora, ella corría
desesperadamente por los callejones encharcados.
Llegando a un callejón, accedió a una
calle larga llena de pequeñas casas de malas condiciones y de un olor a basura
procedente de cada rincón.
- ¡Rose! –
Una voz gritó su nombre, y paró en
seco al reconocerlo. Un chico de su misma quinta se acercaba a ella corriendo,
bajo una capa negra y sosteniendo entre sus manos algo brillante parecido a un
cuchillo. No pudo decir nada porque el muchacho le cubrió con sus brazos. Rose
esbozo una sonrisa, y poco a poco su corazón comenzó a emitir una débil luz en
su interior.
- Lo sabía… - le susurró a Rose – Te
protegeré –
- No podrás con ellos, van armados –
le dijo – Déjame irme por favor, y vete –
- ¿Piensas que te voy a dejar sola?,
es mi deber protegerte… -
La calle en donde se encontraban fue
rápidamente cortada. Por ambos lados, varios hombres uniformados con armaduras
blancas bloqueaban cada salida. La luz de Rose se apagó de golpe, pero ya era
tarde; la habían encontrado. El muchacho desempuñó su espada corta oxidada y
les amenazó a los cuatro hombres que se estaban acercando.
- ¡Baja el arma muchacho, y déjanos
llevarnos a la Lumus! – grito un soldado – O sino usaremos la fuerza contra ti
–
Él asintió y corrió directo a él con
el arma en alto. El soldado se remangó y sacó de su cinturón una cadena fina;
un látigo. Agitó rápidamente su brazo y el latigazo sonó como un fuerte silbido
por toda la calle, haciendo retroceder al chico. Los otros hombres atacaron por
la espalda y le asestaron un fuerte golpe en la nuca del muchacho, que éste
cayó redondo al suelo. Rose agonizó por un instante, hasta que la atraparon.
Ser una Lumus era un delito, y más cuando huyes de la propia ley.
∞
∞
Elyon Peré despertó sobre encogida en
su propio sudor. Había tenido otra de sus pequeñas crisis de ansiedad, odia los
espacios tan cerrados como su pequeña habitación, que la única luz que se
filtraba dentro era de una pequeña ventanita a pocos centímetros del techo;
parecía una guardilla. Se incorporó con dificultad de la cama y arrastró sus
pies hacia el pequeño comodín que había en un rincón. Tomó el peine, se recogió
su melena castaña y comenzó a peinarse ya que hoy era un gran día para muchos y
una desgracia para otros. Hoy era cinco del mes del frío (diciembre como se llamaba antes de la destrucción de la Tierra),
del siglo Luminate. Era una fecha clave para toda Gran Capital; hoy comenzaba
los preparativos para la ceremonia, que tendría lugar dentro de una semana. A
Elyon le horrorizaba ese acontecimiento, que para los Superiores era un método
de adoptar a uno de los Suburbios, para los de los Suburbios era la muerte.
Muchos, por no decir todos, morían en esa ceremonia, y por suerte, algunos
vivían. Nadie de los Suburbios sabe cómo es esa ceremonia, solo saben que nunca
vuelven a sus hogares, a no ser que elijan una mala vida que vivir con los
Superiores. Edward Peré, su hermano mayor, asistió por obligación a la
ceremonia. Salió victorioso como otros jóvenes, pero él decidió regresar a su
casa antes de vivir una buena vida. Edward jamás se atrevió a contar a Elyon lo
que vivió.
- Venga pequeña, que vas a llegar
tarde al mercado… ¿llevas todo? –
- Lo tengo todo. El cuchillo, el
cuenco de piedra y un trozo de piel –
- Bien, por estas cosas nos dará lo
suficiente para comer esta semana… - dijo Edward mirando el frigorífico de par
en par – Y si consigues un poco de energía Luminate mejor, se nos está acabando
la energía de casa… y me da que tarde o temprano nos quedaremos sin
electricidad –
- Veré lo que pueda hacer hermano… -
Elyon amarró las cosas en una pequeña
bolsa, y tomó su chaqueta de cuero antes de salir. Su hermano, apoyado en el
umbral de la cocina le deseó muy buena suerte, y que tuviese cuidado por el
camino, ya que a estas alturas, hay ratas callejeras que roban a los suyos para
poder comer.
- Tranquilo, se cuidarme sola – vaciló
– Hasta luego –
El mercado de Gran Capital era el
único lugar donde los del Suburbio y los Superiores podían mezclarse para
comprar y vender objetos. A Elyon le gustaba ir todos los sábados allá, porque
veía los elegantes trenes que paraban enfrente provenientes de la zona alta de
la ciudad; detrás de una gran muralla que protege el hogar de los Superiores.
Elyon siempre se imaginó de vivir sin preocupación, sin buscar comida y de
poder ducharse con agua caliente, pero desde que sus padres fallecieron en un
accidente y se quedó al cargo de su hermano Edward, sus sueños se convirtieron
en imposibles. La única manera que tenía Elyon de tener esa vida era que, tras
finalizar la ceremonia, decidir vivir detrás de la muralla con los Superiores,
pero era un precio muy alto que pagar porque dejaría a su hermano, que decidió
renunciar ese privilegio para quedarse con ella. Los carteles que cubrían el
mercado (un antiguo teatro),
anunciaban la fecha clave de la ceremonia y de los jóvenes que harían dentro de
una semana dicha prueba. Su nombre estaba ahí. Elyon Peré.
- ¡Buenos días señorita Peré!, ¿de
nuevo al mercado? –
- En efecto Señora – sonrió, al
reconocer esa agradable voz de su espalda -
Rita la Señora era la encargada de que
el mercado funcionase a la perfección, y conoce a Elyon desde que tenía cinco
años. Sus padres eran amigos de ella, una Superior que vive en los Suburbios
por motivos que nadie sabía. Casi todos los días que iba al mercado se la
encontraba, y casi siempre le daba algo de más para su hermano y ella. Esta
vez, Rita le entregó un pequeño puñal cubierto en una funda de piel de jabalí.
- ¿Y esto?, tengo muchos cuchillos
para cazar – rio –
- No es para cazar – le dijo
guiñándole un ojo –
Elyon apretó el puñal y se lo guardó
dentro de su chaqueta como un obsequio muy valioso.
- ¿Es necesario esto para la…
ceremonia? – le susurro, temiendo de que alguien le oyese, ya que preguntar
algo sobre la ceremonia era delito y pena de muerte, y más para una Superiora
como Rita la Señora –
- Créeme… - dijo ella – Si consigues
superar la ceremonia, yo estaré dispuesta a adoptarte detrás de la muralla – le
susurro –
Un escalofrío le recorrió todo el
cuerpo. Ser adoptada por una Superiora era el deseo de cualquier joven ya que
le daba buena vida, y más si es de Rita la Señora, una respetada mujer de los
Superiores, y también por su familia.
Rita se despidió de Elyon y
desapareció entre la muchedumbre, dejando la petición a oídos de Elyon. Ella
sonrió entrando en el mercado, ya que el objetivo de la ceremonia era que uno
de los tantos Superiores te adoptara en su casa para una buena vida, y si no
tenías suerte, te buscabas la vida en ese nuevo hogar.
∞
∞
- ¿Rose?... –
El chico despertó desorientado en
medio de su habitación. Miró a su alrededor en busca de Rose, pero no estaba.
Recordó al instante que fue llevada por aquellos hombres la pasada noche, y que
a él le golpearon. Ahora, en mitad de su dormitorio, intentó incorporarse. Su
pequeña libélula revoloteaba alrededor suyo, alegrándose de verle en pie.
- Nini, yo también me alegro de verte…
-
La libélula Nini se acercó a él y se
posó en su hombro.
- Veo que estás bien –
- ¡Doctora! –
Desde el umbral de la puerta, una
mujer entró recubierta de una túnica blanca y el emblema del Hospital que hay
detrás de la muralla. Era una Superiora, y buena amiga de él.
- Me he enterado de todo Daporeo. Lo
siento mucho… -
- Lo único que tengo en esta vida y me
lo arrebatan los tuyos… -
Daporeo se metió de nuevo en la cama y
se dio media vuelta.
- Ser miembro de El Círculo es difícil
Daporeo… -
La
doctora abandonó la habitación.
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