miércoles, 9 de enero de 2013

Capítulo 1


Capítulo 1.


Las calles de los Suburbios estaba a oscuras y solo los llantos de los sin techos se escuchaba. Comenzó a llover, y la fuerte lluvia golpeaba a las vías de los trenes que recorría cada rincón de Gran Capital. Los rayos iluminaban el cielo como si el apocalipsis estaría a punto de llegar, pero gracias a la tormenta algunos callejones de los Suburbios se apreciaban. Bajo la tormenta, una joven de cabello azul claro escapaba del cuerpo de seguridad del lugar. Llevaban días buscándola, hasta que la descubrieron durmiendo en una pequeña posada a las entradas de la muralla que separa los Suburbios con el hogar de los Superiores. El posadero la había traicionado a cambio de unos sacos de oro para mantener su hogar en pie, y ahora, ella corría desesperadamente por los callejones encharcados.
Llegando a un callejón, accedió a una calle larga llena de pequeñas casas de malas condiciones y de un olor a basura procedente de cada rincón.
- ¡Rose! –
Una voz gritó su nombre, y paró en seco al reconocerlo. Un chico de su misma quinta se acercaba a ella corriendo, bajo una capa negra y sosteniendo entre sus manos algo brillante parecido a un cuchillo. No pudo decir nada porque el muchacho le cubrió con sus brazos. Rose esbozo una sonrisa, y poco a poco su corazón comenzó a emitir una débil luz en su interior.
- Lo sabía… - le susurró a Rose – Te protegeré –
- No podrás con ellos, van armados – le dijo – Déjame irme por favor, y vete –
- ¿Piensas que te voy a dejar sola?, es mi deber protegerte… -
La calle en donde se encontraban fue rápidamente cortada. Por ambos lados, varios hombres uniformados con armaduras blancas bloqueaban cada salida. La luz de Rose se apagó de golpe, pero ya era tarde; la habían encontrado. El muchacho desempuñó su espada corta oxidada y les amenazó a los cuatro hombres que se estaban acercando.
- ¡Baja el arma muchacho, y déjanos llevarnos a la Lumus! – grito un soldado – O sino usaremos la fuerza contra ti –
Él asintió y corrió directo a él con el arma en alto. El soldado se remangó y sacó de su cinturón una cadena fina; un látigo. Agitó rápidamente su brazo y el latigazo sonó como un fuerte silbido por toda la calle, haciendo retroceder al chico. Los otros hombres atacaron por la espalda y le asestaron un fuerte golpe en la nuca del muchacho, que éste cayó redondo al suelo. Rose agonizó por un instante, hasta que la atraparon. Ser una Lumus era un delito, y más cuando huyes de la propia ley.

∞ ∞

Elyon Peré despertó sobre encogida en su propio sudor. Había tenido otra de sus pequeñas crisis de ansiedad, odia los espacios tan cerrados como su pequeña habitación, que la única luz que se filtraba dentro era de una pequeña ventanita a pocos centímetros del techo; parecía una guardilla. Se incorporó con dificultad de la cama y arrastró sus pies hacia el pequeño comodín que había en un rincón. Tomó el peine, se recogió su melena castaña y comenzó a peinarse ya que hoy era un gran día para muchos y una desgracia para otros. Hoy era cinco del mes del frío (diciembre como se llamaba antes de la destrucción de la Tierra), del siglo Luminate. Era una fecha clave para toda Gran Capital; hoy comenzaba los preparativos para la ceremonia, que tendría lugar dentro de una semana. A Elyon le horrorizaba ese acontecimiento, que para los Superiores era un método de adoptar a uno de los Suburbios, para los de los Suburbios era la muerte. Muchos, por no decir todos, morían en esa ceremonia, y por suerte, algunos vivían. Nadie de los Suburbios sabe cómo es esa ceremonia, solo saben que nunca vuelven a sus hogares, a no ser que elijan una mala vida que vivir con los Superiores. Edward Peré, su hermano mayor, asistió por obligación a la ceremonia. Salió victorioso como otros jóvenes, pero él decidió regresar a su casa antes de vivir una buena vida. Edward jamás se atrevió a contar a Elyon lo que vivió.
- Venga pequeña, que vas a llegar tarde al mercado… ¿llevas todo? –
- Lo tengo todo. El cuchillo, el cuenco de piedra y un trozo de piel –
- Bien, por estas cosas nos dará lo suficiente para comer esta semana… - dijo Edward mirando el frigorífico de par en par – Y si consigues un poco de energía Luminate mejor, se nos está acabando la energía de casa… y me da que tarde o temprano nos quedaremos sin electricidad –
- Veré lo que pueda hacer hermano… -
Elyon amarró las cosas en una pequeña bolsa, y tomó su chaqueta de cuero antes de salir. Su hermano, apoyado en el umbral de la cocina le deseó muy buena suerte, y que tuviese cuidado por el camino, ya que a estas alturas, hay ratas callejeras que roban a los suyos para poder comer.
- Tranquilo, se cuidarme sola – vaciló – Hasta luego –
El mercado de Gran Capital era el único lugar donde los del Suburbio y los Superiores podían mezclarse para comprar y vender objetos. A Elyon le gustaba ir todos los sábados allá, porque veía los elegantes trenes que paraban enfrente provenientes de la zona alta de la ciudad; detrás de una gran muralla que protege el hogar de los Superiores. Elyon siempre se imaginó de vivir sin preocupación, sin buscar comida y de poder ducharse con agua caliente, pero desde que sus padres fallecieron en un accidente y se quedó al cargo de su hermano Edward, sus sueños se convirtieron en imposibles. La única manera que tenía Elyon de tener esa vida era que, tras finalizar la ceremonia, decidir vivir detrás de la muralla con los Superiores, pero era un precio muy alto que pagar porque dejaría a su hermano, que decidió renunciar ese privilegio para quedarse con ella. Los carteles que cubrían el mercado (un antiguo teatro), anunciaban la fecha clave de la ceremonia y de los jóvenes que harían dentro de una semana dicha prueba. Su nombre estaba ahí. Elyon Peré.
- ¡Buenos días señorita Peré!, ¿de nuevo al mercado? –
- En efecto Señora – sonrió, al reconocer esa agradable voz de su espalda -
Rita la Señora era la encargada de que el mercado funcionase a la perfección, y conoce a Elyon desde que tenía cinco años. Sus padres eran amigos de ella, una Superior que vive en los Suburbios por motivos que nadie sabía. Casi todos los días que iba al mercado se la encontraba, y casi siempre le daba algo de más para su hermano y ella. Esta vez, Rita le entregó un pequeño puñal cubierto en una funda de piel de jabalí.
- ¿Y esto?, tengo muchos cuchillos para cazar – rio –
- No es para cazar – le dijo guiñándole un ojo –
Elyon apretó el puñal y se lo guardó dentro de su chaqueta como un obsequio muy valioso.
- ¿Es necesario esto para la… ceremonia? – le susurro, temiendo de que alguien le oyese, ya que preguntar algo sobre la ceremonia era delito y pena de muerte, y más para una Superiora como Rita la Señora –
- Créeme… - dijo ella – Si consigues superar la ceremonia, yo estaré dispuesta a adoptarte detrás de la muralla – le susurro –
Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Ser adoptada por una Superiora era el deseo de cualquier joven ya que le daba buena vida, y más si es de Rita la Señora, una respetada mujer de los Superiores, y también por su familia.
Rita se despidió de Elyon y desapareció entre la muchedumbre, dejando la petición a oídos de Elyon. Ella sonrió entrando en el mercado, ya que el objetivo de la ceremonia era que uno de los tantos Superiores te adoptara en su casa para una buena vida, y si no tenías suerte, te buscabas la vida en ese nuevo hogar.

∞ ∞


- ¿Rose?... –
El chico despertó desorientado en medio de su habitación. Miró a su alrededor en busca de Rose, pero no estaba. Recordó al instante que fue llevada por aquellos hombres la pasada noche, y que a él le golpearon. Ahora, en mitad de su dormitorio, intentó incorporarse. Su pequeña libélula revoloteaba alrededor suyo, alegrándose de verle en pie.
- Nini, yo también me alegro de verte… -
La libélula Nini se acercó a él y se posó en su hombro.
- Veo que estás bien –
- ¡Doctora! –
Desde el umbral de la puerta, una mujer entró recubierta de una túnica blanca y el emblema del Hospital que hay detrás de la muralla. Era una Superiora, y buena amiga de él.
- Me he enterado de todo Daporeo. Lo siento mucho… -
- Lo único que tengo en esta vida y me lo arrebatan los tuyos… -
Daporeo se metió de nuevo en la cama y se dio media vuelta.
- Ser miembro de El Círculo es difícil Daporeo… -
La doctora abandonó la habitación.

viernes, 4 de enero de 2013

Los orígenes.


Los orígenes


Hace doscientos años que la Tierra sufrió un cambio en los continentes. Una gran oleada de guerras y de muertes ha destruido toda la humanidad por completo. Varios sobrevivieron a esta masacre, y aprovechando los cambios y desplazamientos de los continentes, se pusieron en marcha en crear un pequeño territorio para que la vida humana continuase, pero descubrieron en su partida que solo estaba en pie un continente, el continente de América. Cerca de la costa, para tener recursos, construyeron varias infraestructuras para poder vivir y mantener viva la raza humana. Gran Capital.

Durante esos años de reformar la humanidad y de un lugar mejor, descubrieron una fuente de energía más potente que el propio sol y que el petróleo; la energía Luminate. Esta energía sirvió para que Gran Capital creciera favorablemente en el continente, pero había un inconveniente. Esta energía, aparte de otorgar gran fuerza más que el sol, afectaba gravemente a algunos habitantes de Gran Capital; les otorgaba una fuerza sobre humana y un poder extraordinario. La sociedad de Gran Capital los denominó raza Lumus, ya que de su propio cuerpo emitía la energía Luminate.

Muchos adoraban a los Lumus, pero otros, los fundadores de Gran Capital los temía, ya que los Lumus usaban su propia energía para ayudar a los demás, e incluso aumentar la producción de energía Luminate para ellos. Los fundadores tomaron carta en el asunto y capturó a todos los Lumus para ejecutarlos, ya que la energía Luminate, la energía que les mantenía con vida, solo lo podían poseer ellos. A partir de entonces, la sociedad de Gran Capital se dividió en dos estamentos; los Suburbios y los denominados Superiores.

La separación de población hizo una revuelta popular, que obligó a los fundadores a realizar la llamada ceremonia, un acto simbólico donde los jóvenes de los suburbios de diecisiete años podrían acceder a ser Superiores al superar la ceremonia y tener una vida mejor. Muchos estuvieron a favor de ese método, pero algunos estuvieron en contra. Por obligación, todos debían pasar la ceremonia al cumplir cierta edad, y si la superaban podían tomar dos caminos; vivir en los Suburbios, sin apenas energía Luminate para vivir, o ser un Superior y vivir plenamente sano con la energía Luminate…

La vida de Elyon Peré comienza aquí...